Literatura y Periodismo: John Jeremiah Sullivan

Cada vez queda menos para la publicación en España de Pulphead, la primera colección de crónicas de John Jeremiah Sullivan, autor al que se ha comparado con Joan Didion, David Foster Wallace o Hunter S. Thompson.

Aprovechando su llegada, recuperamos algunos de nuestros títulos en donde Literatura y Periodismo se funden para traernos algunos de los textos que mejor reflejan nuestro tiempo:

1. Pulphead, de John Jeremiah Sullivan

pulphead-9788439727101

Como si de un tour se tratara, Sullivan nos lleva de viaje por la cara más desconocida de su país. Viajamos a Indiana para investigar los años de formación de Michael Jackson y Axl Rose; pasamos unos días en el festival de rock cristiano más grande del mundo en las Ozarks, en Missouri; visitamos un refugio de la Cruz Roja en Nueva Orleans poco después del paso del Katrina, y nos adentramos en la “cueva sin nombre número uno” (llamada así por los arqueólogos a fin de evitar el pillaje) para admirar las pinturas de los pueblos nativos del Mississippi.
Conjugando la energía gonzo de Hunter S. Thompson, la agudeza de David Foster Wallace y el ingenio y la perspicacia de Joan Didion, Sullivan construye una radiografía de la sociedad norteamericana del siglo xxi.

2. Los que sueñan el sueño dorado, de Joan Didion

Martin A. La Regina

Joan Didion es una de las cronistas fundamentales de la segunda mitad del siglo XX. Los que sueñan el sueño dorado reúne por primera vez en castellano una selección de artículos y ensayos de sus libros Arrastrarse hacia Belén, un clásico moderno sobre la vida en la Norteamérica de los años sesenta y especialmente sobre el centro de la contracultura, California;  El álbum blanco, un mosaico de los años sesenta y setenta que incluye episodios vagamente autobiográficos de la vida de la autora; Después de Henry, donde Joan Didion nos advierte sobre las fantasías que los medios de comunicación construyen en torno a las víctimas de crímenes violentos; Salvador, que dibuja un retrato de los horrores cometidos en ese país y su estrecha relación con la política exterior de Estados Unidos, y Miami, donde reflexiona acerca de la inmigración y el exilio, y la pasión, la hipocresía y la violencia políticasTodos ellos conforman una visión crítica y literaria fundamental para entender la sociedad americana actual.

3. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, de David Foster Wallace

algo-supuestamente-divertido-que-nunca-volvere-a-hacer-ebook-9788439724162

Escritos durante la década de 1990, los ensayos y artículos de Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer constituyen una de las radiografías más irreverentes e hilarantes de la cultura americana de fin de milenio. Las subculturas televisivas, las entretelas del deporte de elite, la vida salvaje y surreal en el Medio Oeste o el turismo de lujo en el Caribe son algunos de los fenómenos que David Foster Wallace describe desde una perspectiva donde se entremezclan la familiaridad, el asombro y una mordacidad descabellada. En estos textos, publicados originalmente en revistas como Harper’s o Variety, el autor consigue dar una vuelta de tuerca inédita en la literatura norteamericana: aunar una capacidad analítica deslumbrante con una visión satírica corrosiva y la imaginación narrativa alucinante que conocemos de su ficción. Como una Guía de Fin de Milenio escrita a cuatro manos por Nathanael West y Don DeLillo.

4. Error humano, de Chuck Palahniuk

Martin A. La Regina

Compendio de crónicas, retratos de estrellas e historias íntimas, Error humano nos permite entrever el insólito mundo del autor y nos invita a destapar algunas de las realidades más sórdidas que alimentan sus novelas.

5. El dorado, de Robert Juan-Cantavella

Martin A. La Regina

El Dorado es una novela de aventuras. El Dorado es una novela paródica. El Dorado es una novela política. El Dorado es una novela punk. El Dorado es periodismo, como hace tiempo que no se escribe el periodismo, y como quizá no debió haberse escrito nunca. El Punk Journalism y El Dorado no son lo mismo, pero casi. El Dorado es una buena dosis de realidad deslumbrada o de periodismo diferido o de costumbrismo malversado o de literatura en directo: una farsa en tres actos, ocho días, quince gramos, y setecientos kilómetros.

Recordando a David Foster Wallace (II)

fost

“Una muerte temprana alimenta el mito. Y cuando uno está considerado uno de los escritores más influyentes de su generación el peligro de que eso ocurra es mayor. La biografía ‘Todas las historias de amor son historias de fantasmas, David Foster Wallace’ (Debate) del escritor D. T. Max intenta sortear ese escollo, con un retrato minucioso y cálido de la torturada vida del autor.”

(Seguir leyendo en ElPeriódico.com)

Divorcio en el aire, de Gonzalo Torné (un fragmento en El Cultural)

DSC_1866

El próximo jueves, como sabéis, sale a la venta la segunda novela de Gonzalo Torné en Literatura Mondadori: Divorcio en el aire. Desde Un blog supuestamente divertido queremos compartir un fragmento del libro que la semana pasada adelantaron nuestros compañeros de El Cultural. No os lo perdáis:

***

Fuimos al balneario para salvar lo que quedaba de nuestro maldito matrimonio.

Sólo con ese propósito me metí en aquel Citroën rojo alquilado, con un cambio de marchas tan duro que podías salirte de la carretera en cualquier desvío, y me puse a negociar curvas bajo la atenta mirada de esos pueblos medievales que en Cataluña brotan de los campos como setas de piedra.

Las montañas se recogieron en lomas suaves y el paisaje árido dio paso a una extensión de barbas de centeno y trigo; avanzábamos por una carretera resbaladiza, cortesía de la tempestad que nos había obligado a refugiarnos unas horas en la estación de servicio donde los padres de Helen se gastaron doscientos euros en souvenirs.

La tarde era calurosa como si se hubiesen barajado unas horas de abril en aquel mes de noviembre que seguía desprendiendo a su ritmo las hojas de los álamos sobre el caudal del río Corb; daba pena ver aquel lecho terroso brincando como el lomo de un bicho vivo sobre quebradas, meandros, recodos y desniveles. Según los mapas estábamos a menos de cinco kilómetros. Durante el trazado de unacurva inesperadamente amplia que se abría a la derecha pude ver a Helen por el retrovisor mordisqueando su dedo índice y con su mirada azul clavada en el cigarrillo que sostenía fuera del coche para no molestar a su padre con el humo. El niño que mascaba chicle en el asiento trasero apenas podía disimular (por el diseño de las mejillas, por el corte generoso de los labios) que era una versión más estilizada y vivaz de algunos genes combinados de los padres de Helen, entre los que iba sentado. La carretera se estrechó en un camino que descendía hacia una zona boscosa, empecé a oír los bultos del equipaje dando botes en el maletero.

Cuando el atormentado río volvió a cruzarse en la trayectoria del coche lo sobrepasamos por un puente, y encaramos una cinta de tierra bordeada de árboles altos, decorativos, sin sombra, que conducía al imponente edificio pairal que el ayuntamiento había levantado de la ruina para convertirlo en balneario.

(Seguir leyendo aquí)

 

Recordando a David Foster Wallace (I)

El-Cuaderno-48-portada

Cinco años después de la desaparición de David Foster Wallace, el mundo de la edición y la prensa cultural se vuelcan con la figura del singular escritor.

Así, durante este mes de septiembre de 2013, además de las publicaciones de su biografía Todas las historias de amor son historias de fantasmas, por D.T. Max, en Debate, y de sus ensayos inéditos En cuerpo y en lo otro, en Literatura Mondadori, los que admiramos su literatura podremos disfrutar con especiales como el que la revista mensual de literatura El Cuaderno le dedica este mes.

Pero este es sólo el comienzo de un largo homenaje. No os lo perdáis:

http://elcuadernoculturaldelavoz.blogspot.com.es/2013/09/el-cuaderno-48_1.html

Una rentrée especial (y llena de piedras)

Reyes

Casi como atletas, los editores del mundo se encuentran preparando sus respectivas rentrées.

Agosto dejó un vacío de novedades literarias, pero también nos ayudó a reflexionar sobre aquello que habíamos leído durante el año, o a retomar clásicos, o a pensar en qué sería de nuestras bibliotecas una vez llegado el tan temido como deseado septiembre.

En las próximas semanas os hablaremos de muchas cosas: la nueva novela de Gonzalo Torné, los cinco años de la muerte de David Foster Wallace, el esperadísimo nuevo libro de J. M. Coetzee… Pero hoy queremos retomar Un blog supuestamente divertido con algo que sí es realmente divertido y que también os anunciamos con gran ilusión, y es que la semana que viene (el 5 de septiembre) sale a la venta el segundo libro de Joaquín Reyes en Reservoir BooksRealidad a la piedra.

Anuncia el propio Reyes que: Realidad a la piedra es un libro protagonizado por piedras. Piedras de todo tipo: rocas, cantos rodados, chinas del río, algún domen también hay, me parece. Pero a pesar de ser todas ellas duras, compactas, firmes, constantes también tienen sentimientos y se enamoran y sufren y tienen anhelos y sienten envidia. Y ahora os dejo que me estoy haciendo las ingles brasileñas.

Lo dicho: gracias por acompañarnos otro año más en esta alocada rentrée, llena de sorpresas, páginas imprescindibles y mucho humor.

“El cuello de la jirafa”, de Judith Schalansky (por Benito Garrido)

1044638_597444210278263_827474570_n

En el mundo que nos ha tocado vivir, Judith Schalansky tiene claro que la adaptación lo es todo. Esto lo sabe muy bien Inge Lohnmark, protagonista de su último libro, El cuello de la jirafa, una profesora de biología que lleva más de treinta años dando clases en un colegio alemán de la Pomerania occidental que en poco tiempo verá cerrar sus puertas por falta de alumnos. Con esta premisa, la autora se coloca en la piel de una mujer con una visión profundamente naturalista de la vida, que contempla a las personas como seres evolucionados de un árbol selectivo. Con una voz narrativa inteligente, cruel, dura, pero al mismo tiempo divertida y cáustica, Schalansky adentra al lector en la rutina de una profesora que parece haber renunciado a muchos sueños: su marido se dedica a la cría de avestruces y ya no es más que un mero acompañante; su hija vive en EEUU donde se ha casado sin siquiera invitarla a la boda, y no tiene pensado tener hijos; sus alumnos, la mayoría, son chavales carentes de condiciones sociales útiles y sin ilusión por el aprendizaje. En esta sociedad injusta nadie parece aceptar el principio biológico básico de la selección natural. De manera inesperada, a Inge se le tuercen sus racionales esquemas cuando comienza a sentir algo inequívocamente extraño por una de sus alumnas. Algo diferente al amor, pero también al odio habitual, algo que no puede controlar y que terminará por socavar su indolente existencia.

«Tarde o temprano los menos capacitados se quedarían en el camino. Era recomendable enfrentarles lo más pronto posible a la verdad, en vez de darles una nueva oportunidad después de cada fracaso.»

Schalansky sorprenderá y enganchará al lector ansioso de acertados debates, nuevas perspectivas en la narración y de oportunas críticas. Se estrenó literariamente con la novela Blau steht dir nicht (2008) y con su segundo libro, Atlas der abgelegenen Inseln (2009) fue reconocida con el primer premio de la Fundación de Libros de Arte. Con esta su segunda novela, ha recibido el aplauso de la crítica y del público alemán. El cuello de la jirafa es literatura diferente, original, eficaz, de lenguaje directo y reflexión impactante: la educación como fase imprescindible para el desarrollo personal y como muestra del desgaste del sistema, la vida como una continua evolución, la supervivencia como una clara adaptación al medio y las circunstancias, la competencia y el esfuerzo como claves de la lucha social… La justa naturaleza en cambio permanente. Y sin embargo, «lo que hoy era la excepción, mañana podía ser la regla».

(Para leer la entrevista completa en Culturamas: pincha aquí)

Camanchaca, de Diego Zúñiga

la foto

Diego Zúñiga estará estos días en España. Él es un joven autor chileno (nacido en 1987) cuya primera y preciosa novelita ha sido elogiada por autores tan distintos como Fabián Casas, Alejandro Zambra, Raúl Zurita o Patricio Pron. Confiamos mucho en su literatura. No os lo perdáis.

«Diego Zúñiga es el autor de una primera novela extraordinaria. Camanchaca está escrita con austeridad y con un estilo lacónico y fragmentario que es como el de los jirones por los que vemos el paisaje a través de la niebla»

Patricio Pron

«Una voz inesperada, un paisaje nuevo, un libro sobrio, arriesgado, inquietante, sorprendente»

Alejandro Zambra

«Tras la Feria del Libro de Santiago de 2009, donde lanzó Camanchaca, su nombre sonó más fuerte: Zúñiga se puso en la primera fila de una incipiente generación de narradores nacidos en los 80, mientras su novela era mencionada con admiración por Raúl Zurita, Fabián Casas, Diamela Eltit, Patricio Pron, Leila Guerriero, Alberto Fuguet y Alejandro Zambra, quien lo puso como personaje en Formas de volver a casa

Diario La Tercera

« Los casi cuatrocientos kilómetros que separan Iquique de Tacna deben ser suficientes para leer completa la novela Camanchaca, ese es el recorrido silencioso por el que esta transita: Iquique–Tacna, padre e hijo, madre e hijo, entrevistada y entrevistador y viceversa;  Santiago–Iquique, una breve estadía en Buenos Aires y dos libros comprados “en estas vacaciones internacionales que no vas olvidar”, eso es lo que escucha el protagonista mientras su padre le palmotea la espalda poco antes de ir al dentista, destino final y objetivo de la visita a Tacna, visita necesaria para que le dejen de sangrar las encías y no se le caigan los dientes, temor que comparte con su padre y su abuelo evangélico e iquiqueño, mientras que a su madre le inquieta más la lista de ropa que tiene que comprar.

Eso en la superficie, por debajo, el silencio que ocupa el divorcio de los padres, los secretos de familias encarnados en un tío muerto en extrañas circunstancias, la nostalgia de su prima y recuerdos de su infancia en Iquique, ciudad padre.

Santiago, ciudad madre, en la que comparte casa y cama con ella, después de abandonar Iquique con la promesa de no volver “ni muerta” a la ciudad de su marido y su cuñado, una historia sutilmente no develada, silenciada. Santiago la ciudad donde va poco a la universidad y pasa los días volviendo a escuchar las cintas donde guarda las entrevistas hechas a su madre sobre su vida y su familia y olvidando su primera afición de relatar partidos de la Champions, o tardes enteras comiendo comida chatarra, gracias a los vales que le da una beca alimentación que no le alcanza para cubrir el mes, pero sí para saciar la ansiedad provocada por la última vez que durmió con su madre, con sus dedos tiesos y húmedos y un “no dejes de hacerme cariño”.

Camanchaca es la primera y única, hasta la fecha, novela de Diego Zúñiga  editada en el año 2010 por La Calabaza del Diablo, reeditada este año por Mondadori, edición corregida y disminuida -si se me permite la cita-, traducida y editada en Italia por Caravan Edizioni como Passaremo per il deserto.

Novela mínima y contenida de capítulos cortos, algunos no más que: “Todo eso es mentira, dijo mi mamá”, para contar una historia de familia, como nos cuenta la cita de Richard Ford con que abre la novela, una historia de padres separados, tíos muertos, perros moribundos, abuelo evangélico consciente del fin del mundo y de la necesidad de hacer ejercicio para agradar a Jehová, de tallas pequeñas para un cuerpo gordo y  la conciencia que está comiendo en exceso.

La distancia entre Iquique y Tacna, no más de 5 horas, son suficientes para leer esta novela, pequeña y perturbadora.»

Pablo Torche

Descubriendo el interior de “El deshielo”, con A. D. Miller

LA NOVELA

Nick Platt es un joven abogado que lleva una vida anodina en Moscú. Su trabajo consiste en actuar de enlace entre bancos y conglomerados rusos que quieren llevar a cabo extracciones de crudo en Siberia. Todo tiene cierto aire turbio, pero Nick se convence de que, con él o sin él, los acuerdos seguirían adelante. Un día de septiembre, Nick conoce a Masha y a Tatiana, dos bellezas con las que se entregará a la vida nocturna decadente de la capital rusa. A medida que frecuenta a las chicas, Nick se enamora de la seductora Masha, que se comporta de manera extraña y caprichosa, algo a lo que, con sus sentidos embotados por el amor, resta importancia. Cuando llega la primavera y comienza el deshielo un cadáver sale a la luz. Nick no podrá seguir obviando sus presentimientos. Es el momento de enfrentarse a la verdad.

EL AUTOR

A.D. Miller estudió literatura en Cambridge y Princeton. Trabajó como productor televisivo antes de unirse a The Economist. De 2004 a 2007 trabajó como corresponsal de la revista en Moscú. Durante su estancia aprovechó para viajar por Rusia y la antigua Unión Soviética y en 2006 publicó The Earl of Petticoat Lane. Actualmente A.D. Miller es el editor de la sección de política de la revista The Economist.

LA CHARLA

LM: Lo que más llama la atención de tu novela, a primera vista, es el espacio en el que se sitúa. No es muy común, últimamente, encontrar ficciones cuyo escenario sea la Rusia contemporánea. ¿Supone tu libro una especie de reivindicación al respecto?

ADM: En Gran Bretaña, de donde yo procedo, Rusia es un tema de gran interés, pero relativamente poco comprendido. La gente sabe de los oligarcas y espías renegados que pasan por Londres; pero por supuesto la mayoría de los rusos no son ni multimillonarios ni espías. Así que sí, parte de mi objetivo fue describir algunos aspectos de la vida cotidiana de las personas de Moscú: montar en metro, ir a la dacha o sobrevivir el invierno. Sin embargo en el pasado los novelistas anglo-estadounidenses sí estuvieron muy interesados en Rusia. Eso, en parte, se debe a su espeluznante pasado (y presente), así como a la forma en que las turbulencias de la historia rusa reverberan en las vidas de las personas. Uno de los elementos básicos de la ficción es el desafío moral ¿cómo puede la gente común enfrentarse a tales situaciones? Rusia está repleta de ellos.

LM: Sin duda el paisaje que describes es completamente hostil. Pero es que también lo son los personajes, la idea de la corrupción, los sentimientos más oscuros que retratas… El ambiente que se respira es pesado y no te deja libre hasta el mismísimo final. ¿Consideras tu novela una especie de thriller financiero? ¿Crees que una narrativa realista ayudará mejor a combatir estos tiempos de crisis que vivimos?

ADM: Todo el que haya vivido un tiempo en Moscú se habrá encontrado con algún ejemplo de corrupción. En Rusia, la corrupción es un sistema, no una aberración. Pero debo decir que esta novela sólo se ocupa de una parte de Rusia (la clase alta del centro de Moscú, en su mayoría) y de un momento determinado: los años anteriores a la crisis financiera, cuando tantas personas de todo tipo no pudieron responder a las preguntas que se les planteaban, como así le ocurre a mi narrador, Nick Platt. Sobre el realismo: sé que no está de moda en algunos círculos literarios, pero sigo pensando que hay vida dentro él. Y tal vez puede ser especialmente útil para descripción de escenarios que la mayoría de los lectores nunca visitarán.

LM: La novela está narrada en primera persona. Desde el comienzo sabemos que el narrador nos oculta algo que irá sucediendo poco a poco, como un largo secreto que también se oculta bajo la nieve a punto de derretirse. ¿Por qué elegiste este tono confesional?

ADM: Creo que una novela narrada en primera persona puede enriquecer la experiencia del lector por tener una ocasión implícita o un interlocutor. Mi deseo, con esto, es que se refuerce la historia principal: la de Moscú. Las confesiones normalmente implican al narrador como culpable, pero hasta el final de la novela los lectores se preguntarán cuál ha sido el verdadero error de Nick, y qué siente ante los acontecimientos que describe, o si él realmente entiende su gravedad. También se preguntarán sobre el futuro de su relación con su novia, a la que se dirige en todo momento. Y espero que estas reflexiones contribuyan al oscurecimiento gradual de la historia, tanto como al de los lugares de Moscú en donde se desarrollan.

LM: Háblanos de Masha. Sin duda es el personaje más controvertido y especial de toda la novela. Una mujer a la que podemos amar, pero que también puede asustarnos. ¿Te supuso un reto construir a un personaje femenino tan complejo?

ADM: Lo que yo diría sobre Masha es que sólo la conocemos a través de los ojos de Nick; y Nick cree lo que quiere creer, y piensa en las mujeres de una manera particular, tal vez no demasiado atractiva. Sabemos que ella es una mujer preciosa, y también un mentirosa. Pero, ¿acaso sabemos algo más de ella hasta el final?

LM: En la página 72 de la versión española de El deshielo nos encontramos con esta frase:  “En Rusia no hay historias de negocios, ni de política. No hay historias de amor. Sólo hay historias de crímenes”. ¿Podría ser un resumen de la esencia de tu novela?

ADM: No considero que esta sea una historia de crímenes en el sentido convencional. No hay persecuciones y contiene muy poca violencia: el acto más violento del que el lector será testigo es un personaje que golpea a otro por la espalda… La verdadera pregunta que destila el corazón del libro no comienza por un “qué” sino por un “cómo”: ¿cómo una persona normal y corriente como Nick Platt llega a ser cómplice de una acción tan tremenda? Y a respuesta clave es el autoengaño. Él se las arregla para convencerse a sí mismo de que la responsabilidad de sus acciones está en otra parte. Más bien se trata de una crónica de la decadencia moral; una investigación del carácter, antes que una novela negra.

LM: Y para terminar, tres breves preguntas:

¿Qué tipo de literatura y cine te sirvió como documentación en el proceso creativo de El deshielo?

He leído algunos relatos para ver cómo lo retrataban otros autores. Pero creo que las influencias reales estuvieron en los autores rusos, y especialmente Dostoevksy, que para mí es el mayor explorador de los recovecos más oscuros del alma humana.

El deshielo podría ser una película muy emocionante. ¿Te imaginas a Nick y Masha en la gran pantalla?

Hay interés en llevarlo al cine, de hecho. Pero va a ser un reto difícil, pues buena parte del libro ocurre dentro de la cabeza de Nick, entre sus pensamientos, cuando decide ignorar ciertas mentiras.

Al final Nick dice que echa de menos Moscú… ¿Y tú?

Sí, lo echo de menos… pero de una manera distinta. Mi experiencia en Moscú también ha sido diferente a la de Nick. Yo estuve allí con mi mujer y no me enredé en ningún caso de robo a gran escala o asesinato. Pero fueron unos años estimulantes, duros y maravillosos.

“Telegraph Avenue”, de Michael Chabon

Por Benito Garrido.

¿Dónde está Telegraph Avenue? ¿Qué es Telegraph Avenue? Con ese nombre no solo se identifica una importante arteria que une dos grandes ciudades, la más históricamente obrera Oakland, y la más universitariamente burguesa Berkeley, sino que también muestra un espacio donde los hombres se olvidan de colores de piel para compartir amistad, aficiones musicales y luchas vitales. Entre las numerosos comercios, restaurantes y librerías que en el año 2004 pueblan Telegraph Avenue, encontramos Brokeland Records, una tienda de discos de segunda mano, paraíso de un público variopinto de amantes de la música, sobre todo del jazz, el soul o el funk, que está regentada por dos antiguos músicos devenidos en comerciantes, uno afroamericano y mujeriego, Archy Stallings, el otro judío blanco y temperamental, Nat Jaffe. El pequeño negocio de estos dos amigos se ve inesperadamente amenazado, cuando el empresario Gibson Goode decide abrir a solo dos manzanas un centro comercial en el que va a instalar una nueva tienda Dogpile, especializada en música y videos. Este es el punto de partida de una historia en la que Chabon vuelve a atrapar al lector con una prosa sorprendente, ingeniosa y cargada de fuerza, diálogos y situaciones que parecen querer emparentar con una versión cinematográfica de Tarantino, pero sin tanta violencia.

Mientras Archy y Nat, tratan de imponerse al gran comercio jugando sus bazas entre los clientes habituales y el concejal del distrito, sus respectivas esposas, Gwen y Aviva, se enzarzarán también en otra lucha, ésta quizás aún más épica: ambas, comadronas desde hace años en la ciudad, emprenden una batalla legal por su existencia profesional que pondrá a prueba los límites de su amistad. El embarazo de Gwen hace que el infiel Archy se plantee su nueva paternidad, sobre todo ante el ejemplo de un padre drogadicto e irresponsable que le abandonó cuando era aún pequeño. De esta manera, el autor profundiza todavía más en las relaciones interraciales y en el tema de la paternidad, ejes vertebrales de una historia que se complica cuando surge Titus, un adolescente que dice ser el hijo ilegitimo de Archy, y del que Julie, el hijo de Nat y Aviva, está perdidamente enamorado. Telegraph Avenue se convierte entonces en una divertida y aguda novela sobre el problema de ser padre, como esa inestable actitud muchas veces difícil de asumir, y el problema de ser hijo, otra compleja posición ligada más a las exigencias reprimidas que terminan por detonar.

Telegraph Avenue también es un profundo y esperanzador alegato acerca de la amistad, de la obstinada lucha que emprenden algunas personas por mantenerla, con independencia del color, el carácter personal o la inclinación sexual. La angustia que ya de por sí supone a los personajes superar los inesperados baches que les impone el destino, se torna en bronco conflicto cuando se juega con la solidaridad racial o los planteamientos racistas. La novela también entra de lleno en el mundo de las relaciones de pareja, y en los prejuicios que tanto pesan, aquellos que amparándose en el miedo natural a los cambios, pueden limitar la comprensión de las cosas; recelos que finalmente terminan por dejarse a un lado para recuperar afectos y limar resentimientos. En ese sentido la novela configura una obra narrativa afable, constructiva, convincente y pleno de un entretenimiento digno de su autor.

El mejor Chabon, el del Pulitzer por Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay (Mondadori, 2002), vuelve a latir en las páginas de esta novela. Y si en aquella se valía del mundo del cómic para analizar las preocupaciones que agitaban al americano medio en los años que rodeaban la segunda guerra mundial, aquí retoma el pulso de la vida del estadounidense pero desde un punto de vista más actual, con el despegue de la gran revolución tecnológica que supuso internet. En una clara pasión por esas ciudades que asemejan pequeños universos humanos, Chabon nos remite a una realidad social que transita diariamente por las calles, la de una cotidianidad afectada por problemas como la corrupción, el racismo, la homofobia, la mentira, o algunos más familiares como el machismo, el silencio o la infidelidad.

El tono de la novela sigue siendo tan cercano y coloquial como el de sus anteriores libros, pero aquí el autor potencia el tratamiento irónico para sacar punta a las situaciones más infortunadas. La narración alterna los vivos y ocurrentes diálogos con las descripciones y reflexiones más intensas, para de esta forma ajustar el ritmo a la evolución interna de los personajes. En ellos, la identidad sexual, el color o los hechos del pasado, dejan de ser una carga para convertirse en eso que indefectiblemente complementa a las personas. Pero si hay algo que transpira realmente entre los interlineados de este libro, aparte de las sensaciones y afectividades, es la música. Es cuestión, de coger papel y lápiz, y conforme se va leyendo, ir anotando…

Michael Chabon se dio a conocer, literariamente hablando, con los relatos que a mediados de los ochenta publicaba en la revista New Yorker. Si ya empezó a ser reconocido como autor con sus primeras novelas, Los misterios de Pittsburgh (1988) y Chicos prodigiosos (1997), fue con la tercera, Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay (Premio Pulitzer 2001 a la mejor obra de ficción), con la que alcanzó su consagración. Le siguieron Summerland (2003), La solución final (2007) y El sindicato de policía Yiddish (2008), ganadora de los premios Hugo y Nebula de ese año. También escribió libros de relatos: Un mundo modelo (2003) y Jóvenes hombres lobo (2005). Algunos de sus libros han sido trasladados a la gran pantalla. Así, Chicos prodigiosos fue llevada al cine por Curtis Hanson en el año 2000, y Los misterios de Pittsburg por Rawson Marshall Thurber en 2008. Incluso los hermanos Cohen planearon adaptar El sindicato de policía Yiddish, pero el proyecto al final quedó aparcado por problemas de agenda. La vena cinematográfica de las obras de Chabon no queda ahí, pues Cameron Crow ha mostrado verdadero interés por rodar la versión cinematográfica de Telegraph Avenue, aunque para eso todavía habrá que esperar un tiempo.

“Restos humanos”: conversación entre Jordi Soler y Benito Garrido

restos-humanos-9788439726685

Jordi Soler recupera la vía del humor para contar la historia de un santo, de los de larga barba, túnica y sandalias, que en su afán por predicar, termina viéndose envuelto en una trama de corrupción, tráfico de órganos, y mafias rusas. La voz narradora de un periodista especializado en historias excéntricas, será la que nos guíe por la vida y obras de este santo que superado por la circunstancias, arroja luz y contraste a ese mundo oscuro e inmoral hacia el que inevitablemente se ve arrastrado. Novela esperpéntica que es fiel reflejo de una realidad a la que el autor solo puede enfrentarse desde el humor y la parodia, desde la visión más irónica, ingeniosa y grotesca.

 ***

P.- Se está viviendo un momento en que los medios no paran de denunciar continuos casos de corrupción y oscuros negocios entre las más altas esferas políticas, sociales y profesionales. Con una narración plagada de humor, ironía y personajes extremos, Restos humanos entra de lleno en el tema. ¿Olfato periodístico o puro afán de contar?

Un poco de todo eso. En realidad las novelas son instinto y trabajo, luego ya vas vistiendo las ideas, argumentando y atornillando temas, pero todo es muy instintivo. Por otra parte, las novelas también son, o por lo menos las que a mí me gustan, las que te cuentan una parte de la realidad, aún cuando sean ficción. Mi idea al escribir sobre de la corrupción, uno de los fondos principales de la novela, partía de algo que nos han contado toda la vida, y es que “el que la hace la paga”, pero finalmente nos damos cuenta de que no es así. La paga el que se descuida, pero perfectamente puedes ser un corrupto toda la vida y morir en tu cama. No pasa nada, como se demuestra de manera literaria y narrativa en la novela. Pero esto no es algo que solo pase en este país, está sucediendo en casi todos los países. Tengo la impresión de que la corrupción es el aceite de la maquinaria social de los países, que si no hubiese corrupción las cosas no funcionarían. Así por ejemplo, el santo, mi personaje, es un tío que se empeña en un oficio excéntrico que requiere de mucha voluntad y convencimiento, y además que desarrolla de manera gratuita. En un mundo así, el que trabaja gratis genera ganancias a su alrededor de las que alguien se está aprovechando; y esto también es un reflejo del mundo en que vivimos. El empeño del santo también se parece al de los novelistas: hacer algo tremendamente minoritario que le interesa cada vez a menos gente, y que está atacado por la piratería, por la economía que se derrumba. Y sin embargo, los novelistas seguimos empeñados… Yo mismo me veo como si fuese un santo con túnica y sandalias que va predicando por El Corte Inglés las bondades de su novela.

P.- Para hablar de esa corrupción que domina la sociedad, te vales de la esperpéntica vida de un santo incomprendido, confiado e ingenuo al estilo Jesucristo Superstar, ¿por qué precisamente de esta figura tan poco habitual hoy día?

Sí, es poco habitual porque no se usa, no porque no venga al caso. El santo es metáfora de muchas cosas, y a mí me sirve como contraste perfecto para el mundo que voy narrando en esta novela, un mundo lleno de oscuridad, de corrupción, de tráfico infame (el de órganos). El santo es el que pone la alquimia, el contraste, la luz de la novela, aún cuando es un hombre muy torcido. No es que sea Jesucristo, pero confía en valores que se van recuperando: la solidaridad con el otro, la amistad, la curación vía la conversación, el pensamiento mágico… al no ser religioso tiene todo el disco duro disponible para el tarot, la astrología, la lectura mágica del mundo, ese tipo de cosas.

P.- El humor y lo grotesco de los personajes se mezcla con lo terrible que tienen algunos temas como el tráfico de órganos. ¿Piensas que este es el mejor camino para hacer crítica social?

Sin duda. Los novelistas escribimos siempre la novela que debemos escribir, que es la que en el fondo podemos escribir. No hay más que una manera de contar la historia que tienes en la cabeza, sino la novela falla, no funciona. Y a mí me pareció desde el principio que para tratar este tema tan profundamente oscuro, había que abordarlo desde el humor, algo que a mí personalmente me gusta mucho, tanto escribirlo como leerlo. Aprecio mucho a los escritores que hacen reír, pues no es una tarea fácil, y además el humor tiene cierta penalización en el mundo literario en español, de hecho hay muy pocos autores que lo hagan (Valle Inclán, Eduardo Mendoza); mientras que en el inglés el humor es toda una categoría literaria. Es muy complicado hacer reír pues se puede caer en el humor fallido o incluso en la incomprensión, que es peor todavía. Todas mis novelas, hasta cuando tratan temas tan graves como la guerra civil o el exilio, tienen una parte de humor, mientras que en Restos humanos el humor es el vehículo que ocupa todo; de pronto se reflexiona con seriedad para contrapesar la riada de humor que es la novela.

P.- “El mal es aparente y el bien una ilusión”, reflexionas en tu libro. ¿Entender esa máxima es quizás la única manera de aceptar que en la vida cotidiana son habituales los comportamientos inmorales?

Creo que sí. Yo escribo novelas para entender lo que está sucediendo, y una vez escrita ésta, me quedó claro que, aunque nos han contado otras cosas, el mundo es así. Los curas nos han dicho que hay justicia, que ésta es divina o poética, que el que la hace la paga, que el hombre es bueno por naturaleza… Yo sin embargo, estoy con los presocráticos: hay un fundamento de maldad en el hombre que de pronto se dispara, y desde luego, está siempre ahí. Estas son las reflexiones a las que me van orillando mis personajes.

P.- No todos somos iguales ante la ley. La justicia puede resultar mal administrada, incluso ni siquiera aplicada. La consecuencia, políticos corruptos y delincuentes indemnes… y no pasa nada… ¿Dónde ha quedado la honradez, el sentido de equidad?

Yo también me lo pregunto, dónde está… Ahondando en la idea de que la crisis va a acabar rescatando lo bueno de las personas, recuerdo que cuando yo era pequeño conocí una España diferente a la que encontré hace diez años: un país frío, desinteresado, no solo por el resto del mundo, sino por el propio vecino. Mientras que ahora, el ver esas escenas que ocurren casi todos los días, de un vecino que se interpone entre la guardia civil y la viejecita que está esperando le desahucien, me han tocado profundamente el corazón. Estamos rescatando actitudes como la compasión y la solidaridad, que parecía que estaban ocultas y no afloraban. Después de la oscuridad solo pueden venir cosas positivas, recuperar valores que habían desparecido.

P.- Viendo la degradación del protagonista, ese santo que va perdiendo confianza en las ideas que lo sostienen, uno se plantea: ¿dónde quedan la razón justa y verdadera, esas creencias que alimentan el alma?

Se quedan en una imposibilidad. El santo es un tío que cree y tiene mucha confianza en lo que hace; y la única forma de combatir ese mundo que le pasa por encima, es creer con más intensidad. Como decía san Buenaventura, “credo quia absurdum” (creo porque es absurdo). Uno cree en las cosas en que no se puede creer, porque lo demás ya está, y en lo que puedes creer no hay que esforzarse. Ahí otra vez llego al novelista: ¿por qué escribo novelas si es absurdo? Porque creo. Es la única manera de combatir esa impunidad de la justicia. No debo acostumbrarme, sería algo monstruoso e inmoral, aunque haya veinte mil casos y uno vaya tapando al otro. Esa es la resistencia que muestra el santo, y que empieza a aparecer ahora en la sociedad.

P.- Sin embargo, es curioso como, en base a esas creencias tan firmes como erróneas, el santo aguanta las continuas humillaciones y mentiras de los que le rodean. Y se resigna a todo. ¿Puede ser lo único que le queda?

Se resigna pero también lo hace combatiendo. La resignación tiene un componente pasivo que yo personalmente detesto. La imaginería judeocristiana nos ha hecho creer que la resignación está bien, pero es algo que se podía plantear de otra manera. El santo, más que resignarse, hace una profunda reflexión de lo que está pasando, y combatiendo acepta la situación. No me gusta verlo resignado como si fuese el cura que plantea aquello de “estos son los caminos del señor, qué vamos a hacer”. No, este santo piensa y combate no solo frente a la corrupción sino ante la llamada de la carne que es brutal, es carne rusa… Va cayendo, pero en combate.

P.- ¿Actualmente el ciudadano parece estar acostumbrado a tragar con todo lo que se le impone? ¿O puede ser también que el miedo sea uno de los factores que le atenace a la hora de no actuar, de no moverse?

Por supuesto, piensa que el noventa por ciento de nuestro comportamiento viene motivado por el miedo, sobre todo y en este caso específico porque todavía tienes algo que perder. Cuando el ciudadano ya no tiene nada que perder es cuando llega la revuelta; pero la situación no está ahí ni mucho menos, todavía hay cosas que perder. Yo nací en México, un país con un conflicto social permanente, y he comprobado que la gente actúa de esa manera: tiene que llegar a un punto concreto, en el que es difícil situarse, pero donde ya sobreviene la revolución, cuando no tiene nada que perder.

P.- Conforme avanza la historia el esperpento y la parodia se multiplican, disparando el humor y llegando a puntos realmente divertidos. ¿La ficción supera en este caso a la realidad?

La ficción es una manera de poner en claro la realidad, de jerarquizarla y ordenarla. Te asomas mejor a una realidad específica por medio de un artefacto literario como es la novela. Creo que aquí ficción y realidad van de la mano. Después, cuando identificas los personajes y los escenarios reales es cuando la ficción empieza a remodelar la realidad, o sea que es lo mismo.

P.- En el libro no haces referencia al lugar en que se desarrolla la historia. Podría ser un ciudad española, colombiana o incluso mexicana… ¿Por qué?

Ese es parte de mi empeño narrativo: plasmar al mestizo que soy en todos mis libros. Siempre me preocupo de utilizar palabras que se usan tanto en España como en México o Latinoamérica, un empeño fonético, casi musical, en el uso de las palabras y en el traslado de una latitud a otra. Me parecía que en esta historia podía llevar eso más allá, y plantear un territorio panhispanoamericano, que puede ser cualquier sitio: Madrid, Barcelona, Veracruz, Caracas… donde sea. Pero no puede ser en un país que no sea hispano, un lugar donde los referentes son por un lado Valle Inclán, el gran inventor del boom hispanoamericano con Tirano Banderas. Y por otro lado, Luis Buñuel, que era aragonés y también profundamente mexicano. Me interesa mucho esta propuesta estética porque creo que tiene que ver mucho con la realidad: Latinoamérica se acerca con timidez a España, y España en cierta medida, ignora lo que pasa en Latinoamérica.

P.- Jordi Soler y el periodista especializado, narrador de la historia, ¿terminan confluyendo en un solo personaje?

Sí, así es, aunque en realidad este periodista es el periodista que yo no puedo ser. Habitualmente yo escribo en periódicos pero en opinión. Cuando hago algún trabajo periodístico tiendo a redondear la realidad, lo cual está muy mal visto en un periódico serio. De ahí que sea un periodista defectuoso. Y a éste, lo he hecho como a mí me gustaría ser, un periodista de raza, como el galgo ruso que muerde su presa y no la suelta por muchos golpes que reciba. Sin embargo, al final de la novela el periodista se plantea algún día escribir ese libro en el que lleva diez años trabajando. A mí que conozco la profesión periodística me queda claro que no lo va a escribir, por eso yo, que soy novelista, le he venido a escribir su libro.

P.- Tienes un estilo literario muy visual. Es entrar el santo en el mercado con la túnica blanca, y el pelo y barba desaliñados y el lector ya se hace la composición de lugar del revuelo que se está levantando en aquel lugar. ¿Visión cinematográfica?

Quizás porque escribo novelas no veo mucho la relación del cine con la literatura. Creo que ésta bebe más de la música, mientras que el cine es un arte solo visual. Las imágenes lo avasallan todo, mientras que las imágenes literarias están construidas a partir de conceptos e ideas, un acercamiento radicalmente distinto a la imagen. Yo no me visualizo haciendo un paneo para escribir lo que veo, sino que lo escribo y luego me doy cuenta que lo hice como si hubiese hecho un paneo; de ahí que mi estilo, como dices, pueda ser visual.

P.- ¿Cómo ves el actual panorama literario? ¿Y el editorial?

El editorial muy revuelto, hay desconcierto por todos lados. Quizás lo que haya que cambiar es el modelo y regresar al editor que está en su escritorio y publica seis libros al año, al modelo clásico de muchas editoriales. A la hora de hacer un libro, hay una infraestructura alrededor que se está viendo que ya no se sostiene. Además creo que ya hay voluntad de cambio, que todos vamos en la misma sintonía. Lo que sí está claro es que la novela ni está cerca de la muerte, ni creo que muera.

En cuanto al panorama literario en general, a mí me interesa mucho la literatura que se hace en Latinoamérica por la diversidad que ofrece y porque oxigena mi español ya peninsularizado, más preciso, canónico, y por tanto, mucho más esquemático. En México hablamos más como lo hacía Valle Inclán. También tiene que ver con la forma en que se escribe en Latinoamérica, desde la carencia, no hay anticipos, ni control de cuantos libros vendes; estás luchando contra los elementos y no te puedes distraer. Se escribe desde la necesidad, por eso salen novelas con tanta fuerza. Entre un empleo y otro vas escribiendo, pero con la certeza de que no puedes fallar porque a lo mejor a la siguiente no te la van a publicar; se escribe entonces con mucha desesperación.